ARTISTA Eduardo Alarcón Orozco

Eduardo Alarcon Orozco

     Nací en la Ciudad de México el 15 de noviembre de 1975. Tuve una infancia muy pero muy feliz y llena de un mundo interior policromático. Desde pequeño, admiré los dibujos de mis padres y contemplé su obra a diario.

     Algunas, las vi emerger a través de los trabajos colegiales de mis hermanos que mi padre terminaba constantemente apoyando a su culminación. Tengo muy presente entre otros un corazón purpurado que quedara para la posteridad en el laboratorio de la escuela de mi hermana así como, unos bocetos del antiguo Colegio Simón Bolívar de Galicia 8, en Mixcoac, muy bien plantados.

     Mi padre, trabajaba en el medio cinematográfico por lo que las imágenes y la presencia del cine de oro mexicano y la experiencia de visita a los estudios y casas de distribución, y en particular una visita a Churubusco, dejaron en mí una huella indeleble y momentos que atesoro en su compañía en mi alma.

     Desde pequeño, participé en concursos de dibujo nacionales como «El niño y la mar» de la Secretaría de Marina y uno relativo a Petróleos Mexicanos, en donde dibujé a color marinas y mis primeros tanques de almacenamiento de petrolíferos, que sin lugar a dudas despertaron curiosidad por si había recibido alguna ayuda.

     Ya, en la adolescencia empecé a practicar mis trazos y constantemente auxiliaba con sus trabajos escolares a mis amigos y compañeros con sus ilustraciones. En cierta ocasión, en una azotea y con mis mejores amigos dilucidamos nuestro futuro y compusimos el mundo conforme a lo que es la experiencia y los sueños de juventud con el arte, la música y la poesía de por medio. Posteriormente, el destino hizo que para cumplir una sanción escolar me involucrara en acudir a las misiones que organizaba el hermano Aniceto Ortega y después acudí con el hermano Juan Bosco Morales, con quien en conjunto, no sólo conocí las principales sierras del país, sino sueños de juventud y vivencias que se hicieron un recuerdo constante de ser y existir comprometido con las causas de los más necesitados.

     Sin embargo, aunque desde el punto de vista social, todas tienen algo que debiera destacarse, para el pictórico esa primer aventura colorida y profunda comenzó su interminable trayecto en San Juan Bosco Chuxnaban, la Sierra Norte de Oaxaca.

     Dicho viaje marcó mi vida para siempre, la gente, los jóvenes, su vida, sus costumbres, su cultura, la fuerte presencia de todos los elementos de la naturaleza que al hacer consciente tomaron un significado real a raíz de la experiencia. Así, la tierra, el agua, el fuego, el aire y el espacio se interiorizaron a través de mi observación para dar paso a texturas, olores, colores y sabores, hasta las más bellas y profundas emociones que comencé a sentir dentro de mí. De tal manera, que Oaxaca y México se apoderaron de mí y toda mi esencia en la cosmovisión de este gran país. El viaje, comenzó desde la Sierra Norte del estado de Oaxaca, hasta la región del Itsmo de Tehuantepec y el remanso en Playa Azul de Salina Cruz, un viaje inconmensurable.

     A mi regreso, y compartiendo dichas experiencias con mi padre quien en su tiempo había hecho uno similar, se estableció una comunicación profunda y un diálogo permanente de experiencias de ruta y trascendentales tanto personales como profesionales y en ello, un intercambio de luces y de forma enmarcado por los paisajes, las sensaciones y las experiencias. En los años subsecuentes, tuve oportunidad de acudir a las regiones en los Altos de Jalisco, las sierras del Estado de Hidalgo, de Guerrero, de Chiapas y de Veracruz principalmente, interiorizando la policromía de emociones que dichas experiencias dejaban en mí y el cúmulo de emociones que deseaba comunicar por algún medio de expresión visual o literario.

     Junto con el dibujo en casa y los cuadros qué adornaban la escalera y las interminables charlas acerca del cine mexicano de la llamada «época de oro» en dónde personajes como Miguel Zacarías, Ismael Rodríguez y Gabriel Figueroa, tanto en la producción y dirección así como en la fotografía del paisaje y la ambientación de historias y personajes, empezaron a dar un matiz cuya expresión de dar fondo al deseo colorido de las imágenes de mi México, junto con las historias también del Abuelo que inició en el cine sonorizado en la avanzada para la formación del sindicato de cinematográfistas de la sección 1, tanto por el afecto y compañerismo hacia mi padre de escenógrafos, ayudantes de sonido y pizarristas, editores así como ayudantes en el mantenimiento del celuloide, quedaron indelebles en mi memoria a través de películas como «Nosotros los pobres» qué es considerada la película clásica del cine mexicano y «Los Hermanos del Hierro», pero en general la gran mayoría de películas y todas las escenas de paisaje o de reflejo de escenas cotidianas fueron una gran influencia en el trazo que actualmente guía mi obra acompañado de la ternura maternal de la forma y manera en como mi madre lograba llevarlo a las emociones y al transmitírmelo tanto en su obra pictórica como en su forma de vivir y sentir, el cual, no me ha sido difícil incorporarlo en mi obra y técnica plástica.

     Al llegar, la época de la preparatoria me involucré en las planillas de la representación de alumnos y después de toda esa experiencia política principiante de la mano de licenciado Manuel Crespo fui conducido intelectual y profesionalmente a La Universidad Iberoamericana para integrar las filas de los estudiantes de la carrera de derecho. Empecé, casi de inmediato en el ejercicio de la práctica de la profesión como pasante y dejé así en pausa mis historias, mis dibujos y el llamado de la sierra en lo profundo de sus valles, crestas y cañadas, aunque siempre, y de manera como si fuera ayer, los traigo conmigo en todo momento.

Eduardo Alarcon Orozco

     No fue, sino hasta el año del 2014 en el que comencé haciendo bocetos y más adelante me involucré en un taller de mi alma mater a realizar figura y rostro humanos, así como escultura, el cual tuvo coincidentemente como sede las playas del Estado de Oaxaca y de esa manera comenzó de nuevo la actual etapa de mi propuesta plástica que hoy expongo al quitar la pausa que me había auto impuesto el diario acontecer de la profesión jurídica. Con ello, se inició un diálogo profundo entre mis afectos y la plástica en una búsqueda permanente para involucrarme en actividades artísticas, culturales y sociales.

     En febrero del 2018, tuve la oportunidad de conocer en persona al maestro Francisco Toledo quién en un breve intercambio de ideas así como de pláticas acerca de su experiencia plástica y la visión que de ello él tenía, logró contagiarme de un permanente y constante compromiso por explorar a profundidad todas y cada una de las formas de expresión y de manera autodidacta y auténtica, es decir, conforme a nuestra diversidad cultural y respondiendo al momento actual que vive el país, lo qué poco a poco se ha ido condensando en mi interior y que ahora encuentran una necesidad expresiva y un camino en el lenguaje colorido de texturas y formas para conformar una propuesta constante e impregnada de color, texturas, formas, material y movimiento. Dicha experiencia, se prolongó hasta los presentes días en que la humanidad se ve asediada por la pandemia del virus del SARS-CoV-2 qué provoca la enfermedad del COVID-19, en dónde de manera inconmensurable y en una explosión de colorido he logrado por medio de la expresión creativa del arte recordar mis orígenes pictóricos, mis pláticas añoradas con mis padres, recuperar la obra pictórica familiar, la amistad de aquellos hermanos de la infancia y sus vidas y las experiencias de mis defendidos que me ha ayudado a concentrar mi energía creativa en el oficio de ambas actividades y que al pintar me han permitido explorar la gran mayoría de todas las técnicas de manera autodidacta y con una propuesta propia y sensible a las causas y necesidades actuales.

     Recientemente, en el concurso de dibujo artístico del museo Del Carmen del Festival de las Flores, una estancia en la exposición de una Galería en el Paseo de la Castellana en de la ciudad de Madrid, así como otra íntima exposición personal de apertura en uno de los restaurantes de la ciudad con artistas cercanos, dieron origen a convertirme en un artista autodidacta y comencé de nuevo y cada día con mayor compromiso en el arte de la plástica con un tiempo renovado para incorporar las ideas y los pensamientos, compartiendo el tiempo con mi profesión, lo que ha generado una interacción con la experiencia de la defensa de los derechos civiles y la propuesta policromática junto con el de la textura para conceptualizar ideas, conceptos y creencias que en solitario, pero a la vez en una comunión con todas y cada una de las personas y de los seres que han marcado mi vida y con las que he convivido a lo largo de todos estos años que me han retroalimentado, aquilatan a diario un lenguaje cuya expresión encuentra cause en mi obra. Todo ello, hace renacer una profundidad en mis sentimientos y una semblanza en el análisis de la realidad, así como de la reflexión de nuestro tiempo y, aunque mi obra es totalmente autodidacta, me propongo que toda mi experiencia visual y propuestas artísticas en diversos formatos, mezclada con mis casi 26 años de ejercicio profesional y experiencias de vida, así como el análisis de la realidad combinado con estos tiempos de pandemia, el que encuentren un canal de comunicación emotivo y suficiente para clarificar y propiciar las ideas y los conceptos que conducen hacia nuestro momento histórico como individuos, como ciudadanos del mundo, como mexicanos, cómo humanidad que habita en el cosmos y con una visión universal en movimiento.